25 de junio de 2018

Vacía

Rota, vacía. Sin expresión.

No tengo ganas de hablar, ni de gritar, ni de sonreír como hago de forma habitual. La gente me pregunta qué ocurre. Un "nada" es lo que reciben.

Puras mentiras. ¿Por qué mentimos ante esta pregunta? Quizás no nos sentimos seguros contando lo que nos sucede. Nos exponemos a nosotros y a nuestras debilidades. Fallas en la coraza. 

Cualquier grieta puede ayudar a que algún malicioso nos haga llorar. No nos queremos lastimar.

Después de muchas lágrimas sueltas y ataques de ansiedad, llega el silencio y la soledad.
Ruinas de almas huecas. No nos pueden dañar.

Con un café quizá nos animemos a contar lo que nos hace pesar. Pero como duele reconstruir el sufrimiento. El calvario vivido reaparece al ser contado y, que mal lo pasan quienes lo han escuchado.

Arrastras con tu marea roja de depresión a todo aquel que se acerca con confusión. 
Amigos que arrancan sonrisas de las entrañas, sacan risas del fondo del estómago y rescatan restos amargos de felicidad que hay ocultos en algún lugar.

Déjame seguir buscando un motivo para despertar del letargo de la ansiedad. 
Déjame que encuentre el aire para que mis pulmones vuelvan a respirar.
Déjame que me vuelva a emocionar.
Déjame mis lágrimas secar, ya no puedo más.

Acaba ya, asquerosa ansiedad.

ATTE:
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