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13 de octubre de 2012

Final Alternativo o ¿Feliz? De Teenage Dream

Final alternativo... Recordad, el final que subí ayer es el original, pero este lo escribí ya que a mi padre no le gustó demasiado e intenté arreglarlo... UN BESO :)

                                                FINAL ALTERNATIVO


Después de la boda de Alejandro y Sandra. Después de haber pasado su luna de miel y después de que su hijo Daniel hubiese nacido, Sandra y Alejandro habían ido a visitar a Daniel al cementerio.

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Una tarde verano, mientras el sol se ponía y nubes púrpuras aparecían en el cielo. Una mujer de cabello rizado, acompañada de un hombre rubio con un niño con el pelo más oscuro que la noche se acercaban a una tumba del cementerio.

Alejandro llevaba en brazos al pequeño Daniel, con solo 5 añitos el pequeño ya sabía leer y escribir mejor que sus compañeros de clase y era muy inteligente.

Sandra le da un beso a su marido y otro beso en la frente a su pequeño, mientras se acerca a la tumba arrastrando los pies.

La tumba de Daniel,a la que Sandra siempre le llevaba margaritas, no sabía el porque, solo le llevaba esas flores.

Una brisa hizo que Sandra se estremeciera y unos pétalos rosas del cerezo que había cerca, calló sobre el hombro de Sandra, que esta apartó delicadamente y se lo colocó en la palma de la mano, tras mirarlo durante unos minutos, sopló levemente sobre este e hizo que volase hasta llegar a la tumba de Daniel y se quemase con una vela que ella misma había colocado.

Recordó ver el cuerpo de Daniel en la ambulancia, cuando los bomberos le sacaron de su casa en llamas.

Totalmente quemado, la cara tenía parte de piel quemada, carne roja y en el límite de la herida, la piel estaba negra y chamuscada. Recordó querer ir hacia él y que los bomberos se lo impidieran, recordó llorar con el corazón encogido y que  Alejandro la agarrara del brazo para girarla sobre su eje y abrazarla con fuerza.

Oía gritar de dolor a la madre de Daniel, una mujer humilde, con el pelo corto, castaño y un marido trabajador de clase media. Vio llorar al padre de Daniel y 
esa fue la primera vez que vio a un hombre adulto llorar de verdad.

Fue al cementerio con Alejandro y se llevó 6 semanas llorando sin parar, hasta que todas sus amigas les dieron ánimos para seguir adelante y continuar con su vida.

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Sandra llorando de nuevo, se seca las lágrimas y aparta la mirada de la vela de la tumba de Daniel y mira hacia Alejandro que no le presta atención a ella, si no que esta jugando con el pequeño.

Recuerda cuando se casaron, en una iglesia preciosa, ella llevaba un vestido blanco con unos bordados color oro, y un precioso ramo de rosas blancas y rojas, y el pelo rizado recogido en un elegante moño, con un velo muy largo y un pasador dorado sobre este.

Recuerda la expresión de felicidad que tenía Alejandro en su cara cuando dijo “Sí” en el altar. 

Cuando fueron de luna de miel. Esa noche que pasaron juntos en una playa agarrados de las manos, se tumbaron en la arena y allí, vivieron la mejor noche de toda su existencia. La primera vez de los dos, inexpertos pero con tranquilidad. Sandra estaba nerviosa, pero cuando Alejandro le susurraba al oído, se tranquilizaba...

9 meses después tuvo a su primer hijo Daniel. Sandra visita cada Domingo el cementerio y recuerda hechos del pasado, llora y sonríe, dependiendo de cada recuerdo y disfruta de su vida con Alejandro, y con su hijo.

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Sandra, de nuevo absorta en sus pensamientos, es sorprendida por su hijo Daniel, que con solo 5 añitos ya sabe muchas cosas.

Agarra la mano de su madre. Sus pequeñas manitas están cálidas al tacto con las de su madre y con los ojos brillantes de color miel al igual que los de su padre y las mejillas sonrosadas la mira.

-Mami, tenemos que irnos- Le dice el pequeño mirando con impaciencia a su madre.

Sandra le mira dulcemente y asiente.

-¿Quien es ese hombre que se llama igual que yo mami?- Pregunta el pequeño señalando la tumba de Daniel.

-Es una persona que fue, es y será muy importante tanto para tú madre como para mi- Alejandro los sorprende a los dos, y coge en brazos al pequeño de nuevo.

El pequeño mira la tumba de Daniel, y la mira directamente y analizándola. Y entonces alza la mano y se despide.

-Adiós tío Daniel- Dice Daniel inconscientemente. 

Sandra se sorprende, y a continuación sonríe levemente a su hijo y le aprieta la mano, aunque no demasiado para no hacerle daño.

-¿Nos vamos a casa, Daniel?- Pregunta Sandra sonriéndole a su hijo y a su marido.

-Sí, vamos a merendar tarta. ¿Verdad papá?- El pequeño mira eufórico a su padre,  y este asiente a la pregunta de su padre, mientras Alejandro le sonríe a Sandra.

-Vámonos a casa a comer pastel- Dice Alejandro dejando en el suelo a su hijo y lo agarra de la mano.

Los tres se giran a la misma vez y mientras sopla el viento de nuevo, Sandra agarrada de la otra mano de su hijo se dirige a la salida del cementerio, dejando atrás, otro día más, los recuerdos de su vida, tanto tristes como felices.

Unos recuerdos, que para ella, durarán eternamente...




12 de octubre de 2012

Teenage Dream- Epílogo

Aquí va el final de Teenage Dream, disfrutad ;)



                                                        Epílogo

La vida tiene momentos tristes y momentos felices, pero para Sandra, los momentos felices habían llegado a su fin. Había perdido a Alejandro, y ahora estaba sola, pero al menos tenía a su familia. Sus 2 hijos, y su maravillosa hija que ahora esperaba un bebé, que para Sandra, sería un nieto más...

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Una anciana, con el pelo lleno de canas, y el rostro repleto de arrugas, miraba a dos tumbas que se encontraban delante de ella, su mirada era nostálgica y extraña, estaba perdida en sus pensamientos, soñando despierta.

Pensaba en los días que pasaba con su marido, ya fallecido...

Se había enamorado de él en quinto de primaria, y desde entonces se había quedado prendada de él, a sus 11 años. Había luchado y luchado, con la ayuda de sus amigas Lucía y Sara, que a saber donde estarían en ese instante, y a las demás, María, Marina, Rocio, Ana, y luego estaban Roberto, Gonzalo y Daniel..
Daniel había estado enamorada de ella, desde el mismo día que había hablado ella con Alejandro por primera vez,  e incluso cuando ella cortó la relación con él, él siguió amándola, hasta el día de su muerte que fue con solo 15 años, en un incendio en su casa.  Sandra había estado llorando su pérdida durante 6 semanas, ya que para ella, había sido su mejor amigo, desde que habían empezado a salir todos juntos, y Roberto también estuvo enamorado de ella, pero eso fue más pasajero, aparte de que nunca llegaron a salir...

Pero no todo era felicidad, también había estado Andrea, la ex-novia de Gonzalo, que amenazó a Sandra un par de veces, y esta había respondido golpeándole la cara. Era guapa, y se había enamorado de Alejandro, pero Sandra no consentía que flirteara con él y se ponía celosa.

Incluso en ese momento, con sus tiempos de juventud atrás, con tres hijos y 5 nietos y ya anciana, Sandra conservaba la pulsera de plata, con su nombre grabado en diamantes falsos que ahora si eran reales ya que al casarse Alejandro  había pagado para que los cambiaran por unos diamantes de verdad, que este le había regalado por su decimocuarto cumpleaños.

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Una lágrima recorría el rostro arrugado de Sandra, en la tumba ponía el nombre de Alejandro y la fechas de nacimiento y muerte. Le había pedido a sus hijos que la llevasen al cementerio y la dejasen sola con su marido. Sus hijos creían que su madre deliraba, ya que esta decía, que cuando estaba junto a la tumba, Alejandro le hablaba. Evidentemente los hijos no lo creían y se compadecían de ella.

Siempre le llevaba flores, tulipanes rojos y rosas blancas, las mismas que llevó en su boda.
Al lado de la tumba de Alejandro se encontraba la de Daniel, Sandra había pedido expresamente que le enterrasen al lado de Daniel, para tenerlos juntos, a Daniel le llevaba hojas de menta, ya que significaba “Recuerdo”.

Una brisa primaveral hizo que Sandra se estremeciera por el frío y unos pétalos rosas del cerezo que había cerca, calló sobre el hombro de Sandra, que esta apartó delicadamente y se lo colocó en la palma de la mano, tras mirarlo durante unos minutos, sopló levemente sobre este e hizo que volase hasta llegar a la tumba de Daniel y se quemase con una vela que ella misma había colocado.

Recordó ver el cuerpo de Daniel en la ambulancia, cuando los bomberos le sacaron de su casa en llamas.

Totalmente quemado, la cara tenía parte de piel quemada, carne roja y en el límite de la herida, la piel estaba negra y chamuscada. Recordó querer ir hacia él y que los bomberos se lo impidieran, recordó llorar con el corazón encogido y que  Alejandro la agarrara del brazo para girarla sobre su eje y abrazarla con fuerza.

Oía gritar de dolor a la madre de Daniel, una mujer humilde, con el pelo castaño y un marido trabajador de clase media. Vio llorar al padre de Daniel y 
esa fue la primera vez que vio a un hombre adulto llorar de verdad.

Fue al cementerio con Alejandro y se llevó dos meses llorando sin parar, hasta que todas sus amigas les dieron ánimos para seguir adelante y continuar con su vida.

                                             *******************************

Sandra llorando de nuevo, se seca las lágrimas y aparta la mirada de la vela de la tumba de Daniel y mira hacia la tumba de Alejandro.

Recuerda cuando se casaron, en una iglesia preciosa, ella llevaba un vestido blanco con flores beige, y un precioso ramo de rosas blancas y tulipanes rojos, y el pelo rizado recogido en un elegante moño, con un velo muy largo y un pasador dorado sobre este.

Recuerda la expresión de felicidad que tenía Alejandro en su cara cuando dijo “Sí” en el altar. 

Cuando fueron de luna de miel. Esa noche que pasaron juntos en una playa agarrados de las manos, se tumbaron en la arena y allí, vivieron la mejor noche de toda su existencia. La primera vez de los dos, inexpertos pero con tranquilidad. Sandra estaba nerviosa, pero cuando Alejandro le susurraba al oído, se tranquilizaba...

9 meses después tuvo a su primer hijo al que llamo Daniel para recordarle, años más tarde a su hija Anastasia y meses después de saber que Alejandro tenía una enfermedad que acabaría con él, nació su último hijo, Francisco.   

Ahora, lo único que puede hacer es esperar la muerte de ella misma, mientras visita cada Domingo el cementerio y recuerda hechos del pasado, llorar y sonreír, dependiendo de cada recuerdo y disfrutar de su vida sin Alejandro, con sus hijos y con sus nietos.

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Sandra, de nuevo absorta en sus pensamientos, es sorprendida por su nieto Álvaro, con solo 5 añitos ya sabe tantas cosas.

Agarra la mano arrugada de su abuela. Sus pequeñas manitas están cálidas al tacto con las de su abuela y con los ojos brillantes y las mejillas sonrosadas la mira.

-Abuela tenemos que irnos- Le dice el pequeño mirando con impaciencia a su abuela.

Sandra le mira dulcemente y asiente.

-Dile adiós a tú abuelo- Dice Sandra levemente, casi como un susurro.

El pequeño obedece y gira la cabeza lentamente para mirar la tumba de su abuelo, al que nunca ha conocido y solo le ha visto en las fotos que su abuela le ha enseñado en casa.

-Adiós abuelo- Dice el pequeño, su voz es dulce y sin maldad, inocente.

El pequeño mira la tumba de al lado, la de Daniel, y la mira directamente y analizándola. Y entonces alza la mano y también se despide de él, con el mismo tono de voz que antes.

-Adiós tío Daniel- Dice Álvaro inconscientemente. 

Sandra se sorprende, y  a continuación sonríe levemente a su nieto más pequeño y le aprieta la mano, aunque no demasiado para no hacerle daño.

Sandra le hace una seña con la cabeza a su nieto que esta absorto en sus pensamientos mirando la tumba de su abuelo y la del “Tío Daniel”. 

Los dos se giran a la misma vez y mientras sopla el viento de nuevo y hace que los pétalos rosas de los cerezos del cementerio vuelen libremente en el cielo, Sandra agarrada de su nieto se dirige a la salida del cementerio, dejando atrás, otro día más, los recuerdos de su vida, tanto tristes como felices.

Sin dejar de recordar los buenos momentos de su juventud, junto a sus amigos,y su esposo. Ahora espera el día de su muerte, para reunirse con él, pero mientras tanto vive feliz con su familia, como siempre ha hecho. Feliz....

                                            

                               FIN










4 de octubre de 2012

Teenage Dream- Capítulo 25


Capítulo 25: Las bodas siempre hacen llorar.

Varios años después de la graduación en el instituto...

Alejandro y Sandra habían terminado el instituto, bachillerato y la universidad, salvo que a Alejandro le faltaba un año para terminar su carrera.

Sandra había llorado mucho, cuando se despidió de sus amigas, pero les prometió que algún día, se volverían a ver.

Ahora después de algunos años, Sandra y Alejandro estaban organizando su boda. Los dos iban a llegar vírgenes al altar, para respetar a sus padres. Aunque Alejandro no estaba muy conforme con ello, Sandra si lo estaba.

Ya lo tenían casi todo listo y en unos días la boda se celebraría. La madre de Sandra había organizado una sorpresa a su hija, de ahora 26 años de edad. Invitando a todos sus amigos; María, Marina, Ana, Rocío, Gonzalo, Bruno, Roberto, Lucía, Sara, e incluso a Javier y Carlos, y hasta Pablo, con el que nunca había hablado. Todos sus recuerdos iban a ser recordados de nuevo.

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El vestido de novia era precioso. Un vestido blanco, palabra de honor, con flores de encaje de color beige. Su pelo iba a ser recogido en un moño con unos rizos sueltos y un precioso pasador de flores doradas. Un ramo de rosas y tulipanes iba en sus manos, mientras camina lentamente, y una de sus primas lleva los anillos acompañada de un niño del que Sandra no sabía nada. Su padre, dotado ya de algunas canas, y muchas arrugas en el rostro, la acompaña del brazo hacia el altar.

En el fondo de la iglesia, en un altar, en donde había un cura y un chico rubio ataviado con un elegante traje negro y blanco, la esperaba con una gran sonrisa.

El llegar al altar, la música cesa y con sus manos algo sudorosas, Sandra agarra la mano de Alejandro. Un Alejandro ahora mucho más maduro que años atrás. Un Alejandro de 27 años, responsable y todo un hombre.

La ceremonia comienza y se resume en, algunas palabras sacadas de la biblia, los votos clásicos de las bodas. Levantar el velo y un precioso beso. 

Al finalizar la ceremonia, todos los esperan en la puerta. Sobre unos Alejandro y Sandra, sonrientes, felices y eufóricos, caen pétalos de rosas, y algo de arroz.

Llega la hora de lanzar el ramo, y Sandra lo hace con una energía de película. El ramo de Tulipanes y Rosas, sale disparado en el aire, y cae en manos de una Sara más adulta, ataviada con un precioso vestido verde. A su lado, un chico extranjero (probablemente Noruego), de un nombre algo raro, le sonríe, al ver el ramo en su mano. “Es la próxima en casarse”. 

Todos están allí, todos a los que Sandra añoraba. Su infancia esta allí, aunque falta alguien... Daniel.. Pero, para ella, es como si Daniel estuviese allí, un Daniel de solo 15 años para siempre, allí parado, con un traje celeste, y una corbata mal colocada, aplaudiendo sonriente, mientras detrás de esa sonrisa oculta, una tristeza increíble.

Sandra sacude la cabeza por un instante y vuelve a sonreír. Agarra la mano de Alejandro y se meten en el coche descapotable de los años cincuenta. 

Y saludando se alejan de allí, pero solo, para seguir continuando la celebración...

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En un Salón de Bodas, donde suena música de orquesta, mientras los novios entran, todos sus parientes, amigos y conocidos están presentes. Todos sonrientes, mientras dirigen a los novios a su mesa en el centro de todas. Los padres de Alejandro y los de Sandra, están sentados allí , conversando entre ellos. También esta la hermana de Alejandro, Belén, que se pasaba el tiempo, yendo y viniendo de la mesas de los niños,para cuidar de su pequeño Rafa, y ahora estaba embarazada de otro niño, que se llamaría Luis, igual que su padre.

Como era de esperar, los novios abrieron el baile, con un vals romántico, y los dos bailaban de un modo, que parecían que lo habían ensayado todo.

La boda finalizó cerca del amanecer, cuando ya todos los niños estaban durmiendo en sus carritos, los ancianos daban cabezadas en el aire y la mayoría de los hombres, se terminaban su última porción de alcohol del día.

Los regalos apenas cabían en el maletero de los coches de los padres de Sandra y Alejandro. 

Sandra seguía con el vestido de novia, y se despedía de sus amigos, una vez más, antes de montarse en el coche nuevo de Alejandro, en dirección al aeropuerto, para comenzar su luna de miel.


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Mar, sol, playa, piscina, un hotel de lujo, y estar con tu pareja. ¿Que más se puede pedir? Sandra no podría pedir nada más. 

Dos semanas enteras para ellos solos, con todo pagado, y relax absoluto. Una de esas noches, los dos caminando agarrados de las manos por la playa nocturna. Se tumban en la arena y tras varias frases románticas y alguna que otra broma, la costumbre de las lunas de miel, se cumple.

La primera vez de ellos dos fue como cualquier otra. Manos inexpertas y temblorosas, besos, caricias y abrazos, entre susurros persuasivos, hasta que el fuego de la pasión amorosa, se apodera de ellos, y pasan la mejor noche de toda su existencia. Tapados con toallas, ven el amanecer, mientras se sonríen mutuamente y siguen disfrutando de la luna de miel, relajándose a la tenue luz rosada, del amanecer, y Alejandro le susurra a Sandra su clásico “Buenos Días,princesa”.

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Después de esa noche romántica, hubo otra, y evidentemente, se hicieron más repetitivas y con mayores conocimientos.

Claro que, después de todas esas noches románticas, hubo lo que se dice, un despiste, y al cabo de nueve meses, un niño nació, al que siguieron una niña y finalmente otro niño más.

Felices vivían los cinco, en una casa preciosa, en el pueblo natal de Sandra y Alejandro. Sus hijos cursaban primaria en el mismo colegio que sus padres, y cada vez que los llevaban, los dos contaban anécdotas de cuando iban allí. Y cuando llegaron a Secundaria fue peor, ya que Sandra se puso a llorar más de una vez, al recordar a Daniel.

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No todo era felicidad, Alejandro acabo enfermando cuando cumplió los 58 años, y murió poco antes de cumplir los 70. 

Sandra lo pasó mal, pero siempre decía que Daniel le hablaba diciéndole que Alejandro estaba con él, y que se encontraba bien. Sus hijos estuvieron a punto de encerrarla en un manicomio, pero no lo hicieron porque la querían mucho, y lo dejaron estar.

Lo que si era seguro, es que, tanto Daniel, como Alejandro, permanecerán para siempre en los recuerdos de esa joven niña que pasó los mejores, aunque también los peores momentos de su vida a lo largo de su juventud, desde que vio a Alejandro en aquel comedor, aquel caluroso verano, a sus cortos 11 años... 

Pronto el Epílogo, no os lo perdáis :)


28 de septiembre de 2012

Teenage Dream- Capítulo 24


Capítulo 24: La vida es un batir de Alas.

Sandra ya tenía 15 años y Alejandro dieciséis. Los cumpleaños los habían pasado con los amigos y luego ellos dos solos, se habían dado sus regalos. Sandra le regalo a Alejandro una bufanda a rayas, roja y negra, y Alejandro le había regalo a Sandra un vestido rosa, que la chica se había puesto el mismo día, junto con la pulsera que le regalo él mismo, 1 año atrás.

En el instituto Sandra se esforzaba por sacar buenas notas, pero el pupitre de Daniel estaba vacío, y le incomodaba cada vez que lo veía.

Además, desde hacía unas semanas Sandra no paraba de toser, y de vomitar. Sentía continuos mareos y Alejandro siempre la llevaba a su casa a la hora del recreo. Pero uno de esos días ocurrió lo peor.

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3 de Mayo de 2013.

María, Ana, Rocío, Marina, Roberto, Bruno y Sandra, van bajando las escaleras en dirección al recreo. Gonzalo y Alejandro no los acompañan, ya que el director del instituto, esta dando una aburrida charla a los de cuarto curso.

-Id vosotros delante, voy al baño- Dice Sandra, mientras se aleja de sus amigos y de dirige al baño, pero antes de entrar, es sorprendida por María, Ana y Rocío.

-Sandra, no te encuentras bien ¿verdad?- Pregunta Ana, mientras coloca su mano en el hombro de Sandra.

-No, no me encuentro bien, pero esta vez es diferente a las ocasiones anteriores. Me siento mareada, y lo veo todo borroso, ni siquiera tengo hambre- Explica Sandra a sus amigas mientras se apoya en la pared del pasillo por el que pasan decenas de chicos y chicas, riendo y charlando.

-Sandra si no te encuentras bien, podemos llevarte a dirección para llamar a tus padres- Ofrece Rocío, mirando a las demás.

-Tiene razón, voy a llamar al profesor- Dice María, mientras se aleja de las chicas.

-Chicas no hace falta estoy bien- Insiste Sandra tosiendo sin cesar... Da un traspié y sus amigas la sientan en el suelo.

-Sandra estas pálida y sudando mucho..- Dice Rocío, mientras saca un pañuelo y seca la cara de Sandra.

-Chicas estoy bien- Insiste de nuevo Sandra poniéndose en pie, pero en ese momento da otro traspié, y si no fuera por el profesor que vino en ese momento con María, habría caído al suelo, desmayada....


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Sandra, pálida y sudando, en los brazos del profesor que la tumba en el suelo y pide una silla rápidamente, para colocar los pies de Sandra en alto.

Más profesores vienen en seguida, echando a los demás alumnos y pidiendo que se fueran al patio. Viene incluso el director acompañado de las 3 clases de cuarto curso, que no les da tiempo a ver nada, ya que los echan.

Ana llorando, María con los ojos como platos y Rocío riendo nerviosamente, contemplan a su amiga en el suelo. Sin color y completamente inmóvil.

-No respira- Grita un profesor, mientras comprueba el pulso de la joven y otros profesores miden su respiración. 

Rápidamente el director, saca su teléfono móvil y llama a una ambulancia, que llega en un minuto, y se lleva a Sandra en la ambulancia.

Sus amigas, se reúnen con el resto, incluidos ahora Gonzalo y Alejandro, el que se queda pálido, al ir escuchando cada detalle, y el que se marcha a toda velocidad al hospital, pidiéndole a Gonzalo su bicicleta.

Alejandro, le pide permiso a los profesores, que le dicen que no, pero el chico, se escapa, pedaleando con todas sus fuerzas, en la bicicleta de Gonzalo, en dirección al hospital, persiguiendo a la ambulancia.

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Sandra en la camilla del hospital, con todos los médicos a su alrededor, intentan reanimarla, lo consiguen, -pero su estado es grave- Se le oyó decir a uno de los doctores.

Rápidamente la mandan a quirófano y allí por todos los medios intentan salvarla.
Tras 4 horas de operaciones, intervenciones y transfusiones de sangre. 

Vestida con una bata blanca de hospital, con un conducto de suero en vena y completamente dormida. 
Sandra esta tumbada en la camilla de su habitación de hospital, completamente vacía y completamente blanca.

Su madre y su padre, rápidamente entran y se acercan a su única hija, para sujetarle la mano e intentar despertarla.

Inútil.

El doctor entra en la habitación y le explica a los padres la situación de su hija.

-Se pondrá bien, aunque ha sido difícil evitar que el virus se propagara, pero lo hemos conseguido- Dice el doctor, sonriendoles levemente.

En ese momento una enfermera muy regordeta y menuda entra en la habitación muy apresurada.

-Doctor, ahí fuera hay un joven de unos 16 años, gritando que quiere ver a Sandra- Dice la enfermera mirando al doctor y hacia donde estaba dormida Sandra.
-Si a los padres no les importa el chico puede pasar- Concluye el doctor mientras se ajusta las gafas y mira a los padres de Sandra.

Estos, asienten confundidos. La enfermera también asiente y sale dando pequeños pero rápidos pasitos con sus pequeñas piernas, hacia la puerta.

Pocos segundos después, Alejandro entra confundido a la habitación y al ver a Sandra tumbada en la cama de sábanas blancas y con esa inconfundible bata de hospital, se le inundan los ojos y sin importarle la presencia de los padres de la chica, se acerca a ella y la abraza.

-Alejandro- Grita la Madre- ¿Que haces aquí?
-Me enteré por las amigas de Sandra, que se había desmayado en el instituto y 
vine lo más rápido que pude en cuanto lo supe- Dice el chico apartándose de la joven y mirando seriamente a la madre de esta.
-Esta bien- Contesta esta sorprendida.
-Pero.. ¿Sandra esta bien ya, verdad? Si hay algo que yo pueda hacer solo digamelo- Dice el chico mientras se seca las lágrimas y mira a Sandra.
-Sí, tranquilo ya esta bien- Dice la Madre, sonriendo y apartándose de su marido para abrazar a Alejandro.

-¿Es algún hermano o primo, o familiar lejano?- Pregunta el Doctor al padre de Sandra.
-No, es su novio- Contesta el padre.

El doctor asiente y empujando a la enfermera salen de la habitación cerrando la puerta tras de si.

-¿Quieres que os dejemos a solas?- Pregunta la Madre de Sandra.
-No importa, esta dormida- Dice Alejandro, frotándose los ojos con los dedos.
-No importa, habla con ella, quizás a si se despierte- Confiesa el Padre, agarrando la mano a su mujer y dirigiéndola hacia la puerta.

Alejandro se queda solo, junto con el cuerpo dormido de Sandra en aquella blanca, habitación de hospital.

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Las lágrimas vuelven a caer por las mejillas de Alejandro.
Agarra la mano de Sandra. Y entre sollozos comienza a decir:

-No se si podrás oírme, pero si lo haces, quiero que sepas, que no me ha gustado nada, que si te encontrabas mal estos días, no me dijeras nada. Te lo pregunte varias veces, pero tú siempre, con tu sonrisa, me decías que no era nada, y yo como un tonto, lo creía. Lo hacías para no preocuparme, pero haciendo eso, conseguías que me preocupara aun más. Te gusta preocupar a la gente. Tanto que has estado a punto de morir, y solo para no preocuparme, estando al borde  de la muerte, no me dirías nada, solo me dirías sonriendo “Estoy bien”.- Alejandro aprieta los labios, y otra lágrima cae por su mejilla y aprieta aun más la mano pálida de Sandra.

-Por favor, dime algo, lo que sea, necesito escuchar tu voz. Me siento solo en esta habitación y mi voz suena por todas partes. Hablame... por favor..- La voz del chico se va apagando y besa la mano de Sandra.

De rodillas, coloca su cabeza sobre la cama y pone la mano de Sandra, cerca de su cara y cierra los ojos, mientras otra lágrima cae y crea un pequeño círculo en la sábana, mojándola.

                                               *******************

Sandra abre los ojos levemente. No se acuerda de nada, seguramente lleva dormida desde que se desmayo en el instituto. No, es imposible que haya estado dormida todo ese tiempo, porque ha soñado que sus padres y Alejandro estaban con ella, y luego Alejandro le decía cosas, y quería que le hablase, y le había cogido y besado  la mano, y todo era tan real, no podía ser todo un sueño, porque si hubiera sido a si, no lo recordaría tan bien como lo hace.

Al mirar hacia la izquierda, confirmó las sospechas. Alejandro estaba de rodillas con la cabeza sobre la cama y con los ojos cerrados.

La mano de Sandra, estaba junto a su cara y entonces Sandra con un impulso, pasó su mano, por la mejilla de Alejandro, arrastrando una lágrima.

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El chico entre sollozos, abre los ojos poco a poco, y al ver a Sandra sonriéndole y mirándole, se pone deprisa en pie, y se acerca a ella abrazándola, mientras la chica rompe a llorar.

-Tonta... ¿Por qué me asustas de esta manera?- Pregunta Alejandro abrazándola fuertemente.

Sandra se sorprende y coloca sus manos sobre la espalda del chico.

-Lo siento- Se disculpa, llorando.

Alejandro se aparta y la mira fijamente, con los ojos llorosos y rojos, le sonríe levemente y la besa.
La chica le besa también y una lágrima cae por su mejilla mientras lo hace.

-A partir de ahora, siempre que te pase algo dímelo sinceramente y no me digas que no es nada, porque no te creeré- Le pide Alejandro a Sandra, susurrándole al oído.

Sandra asiente y le abraza de nuevo.

-Estoy tan cansada- Indica Sandra, frotándose los ojos humedecidos por las lágrimas y recostándose en la cama.
-Duerme- Concluye Alejandro sonriendo- Yo te esperaré aquí hasta que despiertes.
-¿Me lo prometes?- Pregunta Sandra, con los ojos ya cerrados.
-Te lo prometo, cuando abras los ojos de nuevo, estaré a tu lado- Finaliza el chico, besando la frente de la chica, y saliendo lentamente de la habitación, para encontrarse con los padres de esta y contarles que su hija ya había despertado.

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Tras varias horas esperando en aquella horrible sala de espera. Alejandro se levanta de aquellas incómodas sillas de plástico que ponían y se dirige hacia una maquina de bebidas. Compra un vaso de chocolate caliente, y tras soplar varias veces el vapor que desprendía le da un sorbo y luego otro.

Se acerca lentamente a la puerta de la habitación de Sandra y se asoma por la puerta entreabierta. Sandra esta despierta, no esta tan guapa como siempre, ya que esta más delgada, y con esa bata de hospital, es difícil ver bello a alguien.

Con la mano empuja un poco la puerta y pregunta antes de entrar:

-¿Se puede?- Los padres de la joven se giran y sonriendo le invitan a entrar y ha acercarse a Sandra.

Alejandro lentamente se va acercando a la cama donde Sandra como si de una niña de 4 años se tratara, sonriendo y con los brazos extendidos, como queriendo que la cogiera en brazos, le esperaba.

El chico suelta el vaso de chocolate sobre la mesa y se sienta en el borde la cama, y abraza a la joven.
La chica rompe a llorar como antes, y le susurra al oído:

-Cumpliste tu promesa- Le susurra hundiendo la cabeza en el hombro del chico.
-Te dije que estaría a tu lado cuando despertases y aquí estoy..
-Te quiero.
-Yo también...- Los dos se besan y los padres, apartan las miradas sonriendo felices por su hija.

Sandra se aparta de Alejandro y mira a sus padres llorando.

-Papá, Mamá, Gracias- Agradece Sandra llorando mirando a sus padres por encima del hombro de Alejandro.

-No tienes por que darlas cariño- Sus padres se acercan a ellos- Mañana te darán el alta y podrás volver a casa..
-Me alegro de que estéis todos conmigo, mamá ¿podrías darle las gracias al doctor de mi parte, por todo lo que ha hecho?- Pregunta Sandra mirando a su madre mientras se seca las lágrimas.

La madre asiente y se va con su marido fuera, con lo excusa de ir a tomar un café.
De nuevo Sandra y Alejandro se quedan solos en la habitación de aquel hospital.

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-Álex, gracias por quedarte conmigo aquí... Tu madre estará preocupada- Dice Sandra sentándose con las piernas cruzadas, en la cama.
-Que va, para nada, al contrario cuando se enteró quiso venir corriendo pero.. Le dije que estaría bien y que ya la llamaría...-Miente.
-Y no lo has echo ¿verdad?
-Como me conoces- Dice Alejandro riendo y cogiendo su vaso de chocolate- ¿Quieres?
-No
-Ay! Lo había olvidado, te gusta más la vainilla ¿verdad?- Recuerda Alejandro dándole un buen trago al chocolate.
-Como me conoces- Termina por decir Sandra guiñándole un ojo y acercándose a él, le besa.

-Vaya sorpresa- Contesta el chico sonriendo.
-Tus labios saben a chocolate- Se pasa la lengua por los labios- Me gusta.
-Y a mi me gustas tú..- Alejandro se queda pensativo- Que cursi, dios..
-Si, no te pega hablar así- Dice Sandra riendo.

Alejandro la mira durante un largo rato pensativo y sonriendo. Cuando Sandra se da cuenta deja de reír y le mira.

-¿Que te pasa?- Pregunta la chica poniéndose de rodillas y acercándose a él.
-Me alegra verte sonreír de nuevo, me encanta verte reír.

Sandra se ruboriza, después de casi 1 año y medio que son novios, aun se ruboriza cuando le dice algunas cosas.

-Y también me encanta verte roja como un tomate- El chico ríe- Me recuerda cuando no eramos novios aun y yo te gustaba..
-Uf, no me lo recuerdes- La chica suspira y se tumba en la cama.

Alejandro se bebe el vaso de chocolate entero y lo deja sobre la mesa. Luego se sienta al lado de Sandra. 

Sandra sorprendida, le mira con los ojos muy abiertos.

-¿Y que haces ahora?- Le pregunta Sandra acariciándole la cara.
-Nada, solo que me gusta estar cerca de ti..- Dice el chico colocándole el pelo por detrás de la oreja a la chica.
-Ya lo estas- Dice Sandra ruborizándose de nuevo.
-Como siempre no pillas las indirectas, inocencia...- La besa. Alejandro desabrocha el primer botón de la bata de hospital.
-No lo hagas- Contesta Sandra, pero Alejandro a desabrochado otros 3 botones-¡PARA!

Sandra le empuja hacia atrás, y se abrocha los botones rápidamente.

-¿Que demonios haces? Te dije que no lo hicieras- Sandra le mira mas ruborizada que antes, su corazón va a mil por hora y la cara le arde.
-Lo siento..- Alejandro se mira las manos y las esconde detrás de su espalda y ruborizado por primera vez, sale de la habitación.
-ESPERA!- Grita Sandra, quitándose la goma de suero y levantándose de la cama corriendo.

Alejandro se gira y la ve, tan pequeña de estatura como siempre, más delgada y pálida, descalza y con aquella bata de hospital tan ancha.

-Ven- La chica le agarra de la mano y lo introduce en la habitación, se sientan en la cama de nuevo y se miran fijamente.

Alejandro sorprendido se queda paralizado, no sabe lo que va a hacer. De pronto Sandra ruborizada de nuevo y mordiéndose el labio inferior, sujeta la mano de Alejandro y temblorosamente se la acerca al pecho izquierdo, junto al corazón.

Al contacto, Alejandro se sonroja y la cara le empieza a arder, al darse de cuenta de que Sandra no lleva sujetador, y nota el corazón de la chica, dando pulsaciones violentas a través de la piel.

Alejandro aparta la mano rápidamente. El chico se mira la mano abierta durante un momento y luego vuelve a mirar a Sandra.
Esta le mira también y lo único que dice es:

-Estas rojo como un tomate-Dice la chica que estaba más roja aun que él.

Alejandro la mira sin decir nada, esta en blanco, no sabe que decir, esta en “shock” por a si decirlo, y lo único que hace es asentir, y asomarse a la ventana abierta para que le diera el aire frío en la cara.

-¿No llevas ropa interior?- Pregunta este tragando saliva y guardando cierta distancia entre la cama y la ventana.
-Bueno no del todo... No llevo sujetador, ya que el virus que me extrajeron lo tenía en el pulmón derecho y no quería que vieras la cicatriz que tengo, por eso no quería que me desabrocharas la bata- Dice Sandra con la cabeza gacha.
-Haberlo dicho antes tonta- Alejandro se acerca de nuevo a ella y esta vez, sin decirle nada, es Sandra la que se desabrocha los 4 primeros botones y se aparta la bata, para que Alejandro viera la cicatriz.
El chico tembloroso, sujeta la bata aun lado y contempla la cicatriz circular alrededor del pulmón derecho. Con los dedos índice y corazón Alejandro intenta tocar la cicatriz, pero Sandra le detiene.

-No lo hagas, porque me dolera..- Dice la chica agarrando la muñeca del joven- El virus se acerco demasiado al corazón y por eso estuve sin pulso durante unos instantes, y al extraerlo, me han dejado marca y me duele.

Alejandro asiente y aparta la mano. Abrocha los botones y sujeta a Sandra por los hombros.
-Aunque tuvieses una gran cicatriz que te tapase media cara, yo te seguiría queriendo, si siguieses siendo la misma Sandra de siempre- Le confiesa sonrojado.

-Lo sé..- Responde esta mirándole fijamente.
El chico sonríe y le da un beso en la nariz. En ese momento Sandra cierra los ojos fuertemente, para abrirlos después y reír.

-Nunca me cansaré de verte sonreír- Admite Alejandro tumbando a Sandra sobre la cama, y tapándola con las sábanas-Perdóname por lo que hice antes, soy idiota...

La chica sonríe y se acerca al chico para agarrarle la cara con las manos y besarle.
Se tumba de nuevo y se tapa con las sábanas hasta por debajo de la nariz.

-Quiero que cuando me despiertes mañana para irme de aquí lo hagas con esa frase que siempre me prometes que me dirás cuando vivamos juntos..- Le pide Sandra con la boca tapada con las sábanas.

Alejandro se queda un rato pensativo y luego asiente.

-De acuerdo, ahora duerme, si no, no podré decírtelo- Dice acariciando su mejilla.

La chica agarra su mano y la acaricia con la yema de los dedos.

El chico sale lentamente de la habitación y sin muchas ganas de dormir en aquella horrible sala de espera, se tumba sobre 5 sillas, que ocupaban su cuerpo, y muy incómodo, se duerme.

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Sobre las 9:00 a.m

Alejandro abre los ojos, tiene unas ojeras muy grandes, ya que no ha dormido todo lo cómodo que él quería.

Lentamente se incorpora sobre una de las sillas, y se levanta tras estirazarse y bostezar. Se acerca a la máquina de bebidas de la última vez y se compra un café con mucha leche.

Tras soplar varias veces, se lo bebe poco a poco, sorbo por sorbo.

Entra despacio en la habitación de Sandra. La chica aun esta dormida, su madre esta preparando la ropa que la joven se va a poner para irse, y su padre esta hablando con los doctores sobre los papeles del alta.

Se acerca a la cama de la chica y con la cabeza saluda a su madre.

-Me alegra que estuvieses con ella todo el día ayer, pero me siento mal, tu madre estará preocupada.- Dice la Madre, en voz baja para no despertar a su hija.
-No se preocupe, ya la llamé antes- Miente el joven. 
-Creo que me iré a comprar un café yo también- Dice la Madre, mirando el vaso que Alejandro tenía en las manos.

Sonriendo sale de la habitación y por tercera vez, Alejandro se queda solo con Sandra....

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El chico se sienta en una silla que allí había, y la acomoda en un lado de la cama de Sandra, mientras se bebe el café, mira la cara de la joven dormida.

Es tan inofensiva y adorable cuando duerme- Piensa Alejandro sonriendo levemente.

De pronto Sandra se despierta, y abre las ojos lentamente y lo primero que ve es a Alejandro delante de ella. Le sonríe y bosteza.

-Buenos días, princesa- Dice Alejandro mientras pone el café sobre la mesita.
-Buenos días- Responde Sandra, mientras sonríe mostrando sus dientes.
-Te prometí que te lo diría.
-Y lo has echo... Me gustaría que siempre que me despierte, te encontrase a mi lado, y me saludases con esa frase.
-Y en el futuro pasará..
-Eso espero- Dice Sandra poniéndose de pie- Voy a cambiarme.

La chica coge la ropa que su madre le había preparado y se introduce en el cuarto de baño de la habitación. 

Tras 10 minutos de espera, sale del baño y vestida con un vestido de manga corta a rayas, azul y blanco, con el dibujo de un ancla de color rojo en el centro, se acerca a Alejandro.

Lleva unas Converses rojas, y el pelo rizado suelto. El chico la ve con más color en el rostro, y unos ojos más brillantes que la noche anterior.

La chica le sonríe y poniéndose de puntillas le rodea el cuello con los brazos.

-Es hora de irse- Dice la madre asomándose por la puerta de la habitación.

La pareja se separa, y cogiendo las cosas salen de la habitación rápidamente.
Bajan a la planta baja y allí su padre la espera, Sandra corriendo llega hasta su padre y lo abraza con fuerza.

Tras varias sonrisas y alguna que otra lágrima, se despiden de todo el equipo de doctores que intervinieron y salen del hospital.

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Tras subirse en el coche, Sandra atrás junto a Alejandro, mira por la ventana al hospital, y pensando que quizás hubiera muerto el día anterior, estrecha la mano de Alejandro con la suya fuertemente, mientras una lágrima cae por su rostro.



23 de septiembre de 2012

Teenage Dream- Capítulo 23


Capítulo 23: Negro es el color de la muerte.

Habían pasado 2 días después de la muerte de Daniel, a los que Sandra no había asistido al instituto. Estaba en su cuarto llorando, sin parar. Su madre preocupada siempre le preguntaba si tenía hambre, si quería salir a tomar el aire o si quería hablar con ella para desahogarse, pero todo era inútil. Sandra se encerraba en su cuarto y no salía de ahí. 

El tercer día de la muerte de Daniel, Sandra recibió una llamada de la madre de este, invitando a ella y a Alejandro al entierro de su hijo.
Sandra aceptó, nada más se lo dijo y le dio las gracias.

17 de Marzo de 2013.

Sandra en su cuarto, busca en su armario alguna prenda de color negro para ir al funeral de Daniel, pero no encuentra nada y opta por unos vaqueros oscuros y una sudadera gris. Pero su madre irrumpe en su habitación con un vestido de manga larga y cuello de barco negro, tan largo que llegaba hasta los tobillos.

-Tenía este guardado, pero me queda mal y creo que a ti te vendrá mejor, aunque sea para una ocasión como esta- Dice la Madre de Sandra, mirando con tristeza a su hija y al vestido.

-Gracias mamá, te lo agradezco- Agradece Sandra mientras coge el vestido y se desnuda para después ponérselo.

-¿Alejandro vendrá a recogerte?- Pregunta su madre mientras ayuda a Sandra vestirse y después la ayuda a peinarse.

Sandra asiente y las dos quedan en silencio, mientras su madre le peina el revuelto pelo rizado de Sandra.

Pensar en el cementerio la entristece pero no le queda otro remedio, quiere asistir para ver a Daniel por última vez, aunque sea a cinco metros bajo tierra.

Cuando había pedido ayuda en el hospital, habían asistido todos los médicos y enfermeras, incluidos también, los padres de Daniel, el padre de Alejandro y Alejandro, que se puso blanco al ver la escena entre Daniel y Sandra, y luego abrazo a la joven con todas sus fuerzas.

La madre de Sandra termina de peinarla y le besa la cabeza.

-Cariño, todos nuestros seres queridos se irán tarde o temprano, debes aceptarlo, yo perdí a mis padres siendo muy joven y aquí sigo, adelante con todo- Dice la Madre de Sandra con una sonrisa nostálgica y una mirada melancólica. 

-Lo sé Mamá, gracias..- Dice Sandra con la voz apagada, sujetando la mano de su madre y saliendo de su habitación.

Al bajar las escaleras, el timbre suena y Sandra abre rápidamente para ver a Alejandro en el rellano de la puerta, ataviado con unos vaqueros oscuros, y un abrigo negro de algodón que le llegaba por encima de las rodillas.

-¿Vamos?- Pregunta mientras le extiende la mano a Sandra.

La joven asiente y se despide de sus padres, y acompañada de la mano de Alejandro, se dirigen al cementerio de la ciudad.


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Un sacerdote se encontraba delante de la tumba de una persona, en un cementerio alejado de la ciudad. Sandra y Alejandro llegaban tarde al funeral y agarrados de las manos, se colocan detrás de algunos parientes del fallecido.

En la lápida esta escrito el nombre de Daniel, el ex-novio de Sandra, pero también uno de sus mejores amigos. Había muerto a causa de un extraño incendio en su casa, provocado por una chimenea.
Había sufrido unas quemaduras muy graves y había muerto a causa de la asfixia que le provocó el humo y las propias quemaduras.

Al terminar el sacerdote de recitar algunas pautas de la biblia, le da su pésame a los padres y se marcha a paso rápido del cementerio.  
Los familiares, se acercan a la tumba de Daniel, y le ponen flores.

La madre de Daniel, ve a Sandra y se acerca a ella sonriendo levemente y con unas gafas de sol muy oscuras.

-Gracias por venir al funeral de Daniel, te lo agradezco mucho- Le dice la madre de Daniel a Sandra, quitándose las gafas de Sol y dejando al descubierto, unos ojos hinchados y rojos, por las lágrimas.

-No hay que darlas, Daniel era uno de mis mejores amigos, y yo fui la última que le vio con vida, tenía que venir- Dice Sandra apartándose de Alejandro y abrazando a la Madre de Daniel.
-Ahora debo irme, y me gustaría que siempre que pudieras, te pasases por mi casa, para hacerme visita.
-No hay ningún problema, siempre que me lo pida iré- Suelta Sandra sin pensar.

La mujer le sonríe levemente y se marcha de allí, se aleja hacia las puertas del cementerio, acompañada de su marido y la abuela de Daniel. 

Cada vez había menos personas en el cementerio, y cuando ya no quedo nadie, Sandra y Alejandro se quedaron junto al ataúd aun no enterrado.
            
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Tras el funeral, y después de que todo el mundo se hubiese ido. Sandra y Alejandro continuaban agarrados de las manos, delante del ataúd aun no enterrado a 3 metros bajo tierra, de Daniel.

Sandra llorando con el corazón encogido y agarrada fuertemente de la mano de Alejandro, mientras este la miraba entristecido y preocupado. De vez en cuando una lágrima caía por la mejilla de Sandra y Alejandro con el dedo pulgar las iba quitando.

-¿Quieres que nos vayamos ya?- Pregunta Alejandro apretando la mano de Sandra contra la suya.
-No.., quiero.. Estar un poco más- Contesta esta limpiándose las lágrimas con la mano libre.
-De acuerdo, estaremos el tiempo que quieras...- Alejandro mira al frente y lee la lápida de Daniel.
“Aquí yace Daniel Domínguez Ramos, 1998-2013. Tu familia y tus padres siempre estarán contigo”

Alejandro aprieta los labios, y una brisa helada típica del invierno, alborota su pelo rubio y con la mano que le queda libre se lo peina de nuevo.
En ese momento Sandra suelta su mano, se acerca a la tumba y se arrodilla en el césped, manchando su vestido negro que le llegaba hasta los tobillos, pero al ser negro no se notaba demasiado.

Arrodillada frente a la lápida de Daniel, con el que había tenido tantos problemas pero también tan buenos momentos, recuerda su rostro. Su pelo moreno cayendo sobre su frente alborotado con cara de dormido, al entrar en el instituto por las mañanas de los Lunes. Discutiendo con ella por no dejarle los deberes. Cuando eran novios.. La enfermería, la piscina, el viaje de fin de curso, cuando le vio empapado en un viaje que hicieron al río, y la discusión en el parque con Roberto, los dos peleándose por ella, en ese momento se sintió alagada pero a la vez confusa. Y ahora que tenía a  Alejandro perdía a Daniel.. De todos modos, aunque haya muerto, todas las fotos que tienen juntos, y los recuerdos en la mente de Sandra perduraran siempre. Incluso el último instante en el que estuvo con él, completamente vendado, con grandes quemaduras en la cara, y sin su pelo negro a la vista. La había pedido si podía besarla, y lo quiso en la mano hasta el último momento, pero Sandra como sabía que eran o quizás no, los últimos momentos de Daniel, le había besado en los labios. Recuerda el último suspiro de chico “Gracias” le había dicho, mientras su vida se apagaba, y una lágrima caía por su mejilla.

La chica se levanta lentamente y tras recitar una oración en voz baja y  santiguarse, mira de nuevo al ataúd marrón oscuro y con un crucifijo encima de color dorado.

-Adiós Daniel..-Termina por decir Sandra con los ojos cerrados y una lágrima cayendo por su mejilla, hasta precipitarse por la barbilla y caer al suelo.

La chica se abraza a si misma, por el frío que allí hacia. Alejandro se acerca a ella y la abraza por detrás.
La gira para conseguir que sus miradas se crucen y la besa en la frente. Sonríe levemente y la abraza tan fuerte que la levanta del suelo durante unos breves segundos.

La chica intenta sonreír también y le besa. Sus labios estaban salados por las lágrimas que antes habían resbalado por la comisura de estos.

Los dos se agarran de nuevo las manos y mirando una última vez la tumba de Daniel, caminan hacia la puerta del cementerio.

Mientras salen del cementerio Sandra piensa que una vez más, al igual que con Lucía y Sara cuando se despidió de ellas 3 años atrás, y las perdió para siempre, pensó que con Daniel pasaba igual, pero en el caso de Daniel si sería definitivamente para siempre, nunca más podría hablar con él, ni por móvil,ni  correos electrónicos o incluso verse.. Cualquier cosa.. Su asiento en el instituto estará siempre vacío.
Ya todo daba igual, Daniel se había ido, y todo por culpa del incendio de su casa..

Pero, para Sandra, Daniel siempre estará a su lado. Porque al igual que la chica le había a Daniel en el hospital, “Tú siempre has sido, eres y serás una persona muy importante para mi, has cambiado mi vida”. La chica no mentía, y esa afirmación, la iba a cumplir el resto de su vida.