23 de mayo de 2018

La historia de

Esta es la historia de Dani y Adri.

Adri es el mejor de su clase en notas y deportes. Eva está enamorada de él desde que cursaban primaria.

Adri es alto, moreno de ojos verdes. Toca la guitarra, el piano y habla 3 idiomas desde niño. Eva no puede con sus cualidades casi ficticias. Adri tiene 15 años pero aparenta haber dejado la pubertad hace mucho.
En las excursiones siempre va pegada a él, pisando donde Adri pisa, comiendo lo que él come, aprendiendo a admirar lo que a él le gusta.


Dani es pelirrojo, tiene ojos marrones como el chocolate que le gusta tomar de desayuno cada mañana. Es delgado y no aparenta tener sus 15 años. Su 1,67cm de altura le desagrada, sus manos pecosas siempre están llenas de callos de intentar hacer deporte. Dani solo es bueno en hockey, pero es un juego que nadie en su clase conoce y que nunca practican en su clase de gimnasia.

Dani está enamorado de Eva, pero Eva no le presta atención. Sus ojos grises van para Adri.

Dani no sabe tocar el piano ni la guitarra y con suerte sabe hablar su propio idioma, pues su timidez se lo impide.

La introversión de Dani oculta lo mucho que le encanta la poesía y el dibujo. Teme decirle a Eva que le ha escrito decenas de poemas solo para ella. Le da miedo contarle a Eva que siempre que tiene un pincel en sus manos no puede evitar dibujar la sonrisa que tiene cuando la ve hablando con Adri. El extrovertido y social Adri.

Dani no le odia, pero se lamenta de no ser como él. Se lamenta de que Eva no se fije en él ni siquiera para preguntarle por Mates, asignatura en la que Dani saca sobresalientes siempre.

Los tres se conocen desde primaria pero Eva nunca le habló a Dani.

Dani tiene miedo de no ser suficiente para Eva por lo que se apuntó a clases de guitarra, violín, piano... pero es torpe para ello. Prefiere el dibujo y la poesía.
Dani quiere destacar en los deportes, pero siempre tropieza, siendo burla entre sus compañeros.

Adri le ayuda a levantarse con la mano. Dani se lamenta de nuevo por no ser como él.

Desde su habitación, Dani observa los dibujos realistas que hizo de Eva desde que eran muy jóvenes. Llora en silencio para no despertar de la siesta a sus padres, ambos cansados de trabajar en los turnos de noche.

Dani solo puede gritarle a la almohada para descargar toda su ira y abrazado a sus dibujos, entrelazando sus dedos llenos de pintura, se duerme para soñar con Eva, una vez más.

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