Esas personas que sin más entraron en mi vida hace casi un año, pero en que pocos meses se han hecho importantísimos para mí, seres inseparables en mi día a día.
Los mismos que me prestan su hombro o un pañuelo para llorar las penas y los que te contagian la risa que hace dolor el estómago.
Con alcohol o sin él, la diversión la tenemos asegurada en nuestro pequeño grupo. Viajes a la playa, planes improvisados, caminatas nocturnas, viernes en el pub tomando cervezas sin cesar o experimentando con chupitos en la barra del bar.
Las tardes de estudio en la biblioteca son más amenas con ellos sentados a mi lado. Los trayectos en tren no son tan aburridos cuando están dándome conversación que rebota en todo el vagón con nuestras voces.
Momentos de desenfreno en calles solitarias o bailes en fiestas con o sin música.
Las veladas nocturnas haciendo juegos o viendo películas en casas vacías rellenas con el sonido de guitarras a dúo son mis favoritas.
Abrazos a modo de saludo y despedida, muestras de aprecio en pequeños detalles y ayuda mutua. La escucha recíproca que tenemos entre nosotros al contar algo que nos acongoja son muy especiales.
Se hace lo que se puede y más por el resto, aunque no siempre se esté de acuerdo en algo. Ellos me salvaron de mi bucle de vacío y yo llegué a ellos como un suave aire de cambio, de innovación valiosa.
Para mis amigos y para mis dos amigas especiales va dedicada cada palabra aquí escrita.
A mi rubia y mi morena por las tardes de chicas y las charlas especiales y personales que solo nosotras tenemos con secretos que solo nosotras conocemos. Se crea un vínculo mítico con esas confesiones y las tres lo sabemos. Sonrisas cómplices y guiños imposibles.
Bromas cargadas de chistes malos y frases sin sentido pero que no podemos ignorar y acabamos carcajeándonos.
Creo que ninguno sabe lo mucho que admiro a cada uno de ellos, cada uno por un motivo u otro, pero lo hago. Por cómo me tratan, por lo qué han hecho por mí y por sus palabras al recibir ayuda y implicación de mi persona en cada cosa que necesiten.
Por esas miradas, cosquillas y guiños que reconfortan en momentos de tensión o tristeza.
El año está a punto de acabar y en dos meses más hará un año que conozco a la gran mayoría de los aludidos en este texto y, solo me queda decirles que me han alegrado este 2017 como nadie podía, incluyendo a mi pareja, son lo mejor que me he encontrado este año y espero que sigan ahí en los 365 días que le seguirán al dar el reloj la medianoche el 31 de Diciembre.
Gracias por todo y feliz año queridos míosssss!
ATTE:
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