Os dejo con el texto y feliz año :)
Encuentro de William y Delf.
16 de agosto del siglo XIX.
En algún lugar de la tierra.
Un joven de 18 años camina
solo por una de las numerosas y complicadas calles de la ciudad en busca de la
casa del pobre desgraciado al que va a darle la noticia que arruinará su vida.
El joven llega a una mansión de tres plantas con ventanas por todos lados,
llama a la gran puerta impaciente.
La puerta se abre unos
segundos después. Y un chico de unos 11 años con el pelo rubio alborotado cayéndole
sobre los ojos celestes le mira confuso.
-Hola-dice Will sin
ninguna sonrisa en su pálido rostro.
-Hola...- susurra Delf-
¿Qué hace aquí? ¿Quién eres?
-Me llamo William
Dawson-dice Will mirando a los ojos azules del niño- Me gustaría hablar con su
padre, eres Delf, ¿no?
-Si…- dice Delf,
asintiendo- Pasa, se encuentra en el salón...
El joven se aparta de la
puerta y deja pasar al muchacho desconocido para él.
Ambos caminan en silencio.
-¿Para qué quiere usted
hablar con mi padre?-pregunta Delf curioso.
-Asuntos de trabajo...-dice
Will.
-Pero si es minero. Tampoco
es un trabajo tan importante- protesta Delf, con más confianza.
Al final del pasillo, una
mujer de pelo color caoba, los mira en silencio, su pelo le llega de largo
hasta la cintura, y unas ojeras negras, se dibujan en sus pómulos
Will la observa
detenidamente. Ella es linda, pero la ignora. Cuando ambos llegan al salón se
encuentra con un hombre.
De pelo negro con algunas
canas. Una barba de 5 días le marca el rostro. Lleva una bata verde y esta
sentando en una mecedora. Cuando ve a su hijo y a William, se levanta y saluda
al joven visitante.
-Sr. William, no creí que
fuese a llegar tan pronto-dice lentamente el hombre.
-Me gusta terminar con mi trabajo deprisa-dice
Will y mira al joven Delf- Gracias por su ayuda.
Delf observa detenidamente
a William y a su padre, no parece ser nada bueno.
-¿No puedo quedarme, padre?-pregunta el joven
chico.
-No lo sé- El padre mira a
William y luego a su hijo, y de nuevo a William para saber una respuesta.
-Adelante- permite
William, sonriéndole al chico.
Delf sonríe y se sienta
junto a su padre. El hombre mira a su hijo sonriente por su interés en el
trabajo.
-Venia a comentarle que en
su mina, el pasado viernes 13 hubo un derrumbamiento en el que fallecieron gran
parte de sus trabajadores-comienza a explicar William- y ha quedado sellada,
por lo que digamos que su empresa de carbón ha quebrado.
-Eso no es posible- dice el padre, confuso y
un poco aturdido por la noticia- Yo mismo fui el viernes por la mañana, y no
había ningún problema con la estructura
-Papá… Si no puedes seguir
trabajando de minero que será de nosotros…- el pequeño se interrumpe, al ver a
su madre en el umbral de la puerta, sentada en el suelo, apoyada contra el
marco de la puerta
-Bueno, pues, les deseo
una feliz mañana-dice William mientras sale por la puerta sin mirar a la mujer
que esta en el suelo llorando.
-¡Espere!-grita Delf
William se gira aun con la
mano sobre el pomo de la puerta, ellos dos se parecen mucho físicamente, salvo
por el color de ojos y la edad…
-No puedes venir aquí a
dar malas noticias, dejar a todo el mundo aturdido y marcharte sin más. ¿Qué
clase de caballero eres tú?- La madre de Delf, le pone una mano sobre el hombro
a su hijo, para tranquilizarlo.
William levanta la vista
desde la cara enfadada del joven Delf, hasta a la de su bella madre. La mujer
tiene varios mechones de su largo pelo caoba sobre la cara, y las mejillas
húmedas por las mejillas. Parece muy joven, debió de haber tenido a su hijo
siendo muy joven.
-Yo no puedo cambiar las
cosas, Delf-dice William- Yo no he decidido eso.
Al pequeño le arden los
ojos, quiere llorar, pero no lo hará, por su madre y por su padre. No lo hará,
se comportará como un hombre. Con solo 11 años.
-Váyase de esta casa Sr. William-
Susurra la madre muy levemente- Y no vuelva por favor...
William obedece y se va de
la casa silenciosamente.
-Bastardo…- susurra Delf,
cuando la puerta esta a punto de cerrarse.
La madre le pone la mano
en la boca a su hijo y lo empuja hacia el interior de la casa. Pero la puerta
no se cierra como era de esperar, si no que William aparece de nuevo en el
umbral, con un brillo de diversión en sus ojos verdes.
-¿Como dijiste?-dice
William arqueando una de sus cejas.
-Él no dijo nada...-dice
la madre.
-A mi no me pareció
eso-dice William-suelte a su hijo y que me lo diga de nuevo.
La madre suelta a su hijo
y este se acerca más a la puerta, vacilante. Mira a William, sus ojos verdes
sobre los grandes ojos azules del pequeño.
-Bastardo- Repite- Eso he
dicho.
-Muy valiente por su
parte-dice William sin dejar de sonreír- Un niño de tan solo unos... ¿nueve
años?
-¡Tengo once años!-grita Delf. William se encoge de hombros.
-¡Tengo once años!-grita Delf. William se encoge de hombros.
-Perdone a mi hijo Sr. William-
Se disculpa la madre- No sabe lo que dice, aun es muy pequeño- La madre atrae a
su hijo hacia ella, y lo estruja contra su pecho, abrazándolo o más bien protegiéndolo
-Me parece que si sabe esa
palabra es lo bastante mayor para saber las consecuencias que tiene insultar a
una persona que esta en mi posición social-dice William- Y, bien, pequeño, ¿que
crees que va a ocurrir ahora?
-No me importa lo que vaya
a ocurrir- Le desafía Delf, intentado deshacerse de los brazos de su madre- A
mi no me importa de que posición social sea usted, es un bastardo, tenga dinero
o no.
-Ya basta- grita su padre
que llega desde el salón, y le pega un tortazo en la cara a su hijo.
-Querido.... No...- La
madre mira enloquecida a su esposo.
-Papá...- Balbucea el
pequeño tocando su mejilla roja.
-¡Querido!-dice la mujer
mientras mira la mejilla de su hijo.
-Espero que esto no vuelva
a ocurrir, Sr Manuel- dice William y mira a Delf- Hasta la próxima Delf.
-Hasta nunca Sr. William-
Dice Delf con voz ronca
William sonríe
maliciosamente a Delf y se va.
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